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Otium postmodernum

Fotos (Muralla de la cárcel de la Santé (« Salud »), París. Junio 2017) e texto de Benito Barja

En el siglo XVI, Montaigne decía “Cuando juego con mi gata, ¿cómo sé que no es ella la que juega conmigo?”. En mi siglo espectacular, me pasa igual con los muros de las cárceles.

Tal fue lo que pensé al pasar por la cárcel de la Santé*. No tenía porque estar ahí, solo buscaba un velib (bicicleta en libre servicio) que funcionase: Pero hacía calor y todo París se los había llevado. En fin, que me había perdido.

El sol aplastaba, pero levanté la cabeza. Algo me llamaba la atención. Y veo esas grúas dentro de la cárcel: « Parece que hay tanto productivismo dentro que fuera; esto es una fiesta, como cuando la locura del ladrillo en España! ». Bajé la mirada y vi esa enigmática figura contra la pared. « Sonríe bien o sonríe mal? », difícil saberlo. La confusión y el calor me engendraron cierto vértigo, y también una reflexión: « Pero yo estoy dentro o fuera!? »

Entonces es cuando me vino a la mente aquella frase del filósofo Montaigne, la que tanto me había gustado (la duda cartesiana siempre se me atraganto). Y pienso en mi siglo, con sus torres de cristal que miran y no dejan ver, a un mundo en donde todos somos animales transparentes y dóciles. Aquella gata tenía una libertad y su espectador también, el espectáculo a aniquilado esas posibilidades, ese pensamiento que juega. Todos es rígido ahora, el discurso espectacular de adaptación permanente no es más que el estadio extático de la petrificación: no hay más espacios que los útiles a la circulación de la mercancía, fuera no existe. El problema no es que metan a algunos en la cárcel por rebeldes — además de ser demasiado romántico y anticuado —, el problema es que nos meten a todos en una única granja de pollos llamada Tierra, donde « productivamente » se trabaja a la ruina del planeta y  a la extinción de nuestra especie, tal como la conocemos.

Ocio, libertad o espacio ya solo se concentran en fiebre breve y consiguiente sentimiento. Pero nada nuevo bajo el sol, pues de esa situación primaria nacen las otras; la libertad siempre ha sido un vértigo dialéctico, que impulsa y que hay que conquistar.

* Salud

Elogio do ócio (IV)

 

..

Mil vezes sentar-me à vontade em cima de uma abóbora do que comprimir-me entre outras pessoas numa almofada de veludo. 

Henry David Thoreau – ‘Walden ou a vida nos bosques’ (1854)

Fotos (Afurada, Porto, "Monumento ao Herói Pescador", popularmente conhecido por "Chapa", 2014-15) e escolha de citação de Antigoni Geronta

Elogio do ócio (III)

Ganhar o pão do seu dia

Com o suor do seu rosto…

– Mas não há maior desgosto

Nem há maior vilania!

Mário de Sá-Carneiro

Fotos (arredores de Évora, 2017) de PDuarte

 

Elogio do ócio (II)

Se o ensino é acolhido com reticências, ou até com repugnância, é porque o saber filtrado pelos programas escolares contém a marca de uma ferida antiga: ter sido castrado da sua original sensualidade.

Raoul Vaneigem – Aviso aos alunos do básico e do secundário.

Foto (Campus da Universidade Federal do Espírito Santo, Vitória, Brasil) e escolha de citação de Maria Ramalho

Elogio do ócio (I)

 

Nesta nova série, sugerida por uma amiga do blog, Maria Ramalho, iremos partilhar fotografias que documentem singelas mas significativas apropriações do território, improvisadas e poéticas, sintomas difusos de pequenas liberdades que os omnipresentes poderes obstinadamente nos negam enquanto organizam e gerem a nossa participação no trabalho, no consumo e no lazer

O primeiro princípio moral é o direito do homem ao seu trabalho (…). A meu ver não há nada mais detestável do que uma vida ociosa. Nenhum de nós tem esse direito. A civilização não tem lugar para ociosos.

Henry Ford

Foto (Mértola, 2017) e escolha de citação de Maria Ramalho