Turismo e luta de classes

Numa excelente entrevista ao jornal espanhol Público, o investigador Agustín Cocola Gant, que está a dedicar o seu pós-doutoramento na Universidade de Lisboa ao estudo do turismo e da gentrificação, aborda a questão da turistificação urbana, destacando a luta de classes que um tal processo pressupõe e intensifica. Uma luta, como veremos, principalmente personificada (A) pelos investidores que aplicam o seu capital nos grandes fundos de investimento que estão por trás de hotéis, companhias aéreas, grupos imobiliários e outras multinacionais e (B) pelos residentes que se vêem forçados a abandonar os seus bairros – tornados recursos para a captação de capital – enquanto assistem à privatização generalizada do espaço público, à contaminação do meio ambiente, ao desaparecimento de todos os pequenos comércios virados para as necessidades dos moradores locais e à destruição de espaços de encontro e de convívio. Um episódio mais na guerra sem quartel que o capital anónimo e global vem travando contra as comunidades locais.

Eis a entrevista integral (sublinhados meus)

Jornalista – La idea de que el turismo crea riqueza, ¿hasta qué punto es cierta?

Agustín – El problema ante esa pregunta es que los datos que existen solo miden el dinero que genera el turismo, pero no cómo se distribuye, ni los gastos que produce el turismo al Estado.

J – ¿Qué tipos de gastos?

A – Partimos de hipótesis, porque no hay estudios. El turismo crea empleo, pero empleo de poca calidad, precario. Para un trabajador puede estar bien para llegar a fin de mes, pero eso apenas cotiza a la Seguridad Social. Incluso algunos no cotizan, porque cobran 600 euros. Si tenemos en cuenta que muchos son trabajos de temporada, quizás por solo seis meses, y algunos tienen opción a pedir el subsidio por desempleo después… eso es un gasto del Estado porque no es empleo estable ni bien pagado.

El turismo mueve mucho dinero pero para las grandes empresas, compañías aéreas, hoteles, grupos inmobiliarios, turoperadores. Pero aquí lo que se queda es un trabajo precario para llegar a fin de mes y eso no debemos considerarlo riqueza. Por ejemplo, ¿cuánto dinero destina el ayuntamiento a limpiar playas, calles, para policía o ambulancias? Una serie de servicios pagados por los ciudadanos y, en su mayoría, destinados para facilitar la afluencia turística. No lo sabemos y debería hacerse un estudio serio.

J – Estamos tan faltos de empleo que es la gran excusa cuando se debate sobre el impacto del turismo.

A – En ese sentido el turismo es un chantaje porque no puede ser que todo sirva. Si por ejemplo a un pueblo llega una industria química que contamina todo el río, a lo mejor el ayuntamiento dice que genera empleo, pero las consecuencias son peores. Hay que poner sobre la mesa un debate social y político de estos aspectos. El todo vale es imposible. El problema está en que el turismo genera costes sociales y nadie está pagando por ello. Las empresas del sector no contribuyen a las arcas públicas para distribuir los beneficios del turismo.

J – ¿Somos conscientes del impacto que genera el tema de los apartamentos turísticos?

A – En el día a día el tema de que existan apartamentos turísticos en bloques de vecinos representa molestias, no poder dormir, no sabes qué vecino vive a tu lado porque cambia cada semana… No es un problema sin más. En muchos casos se convierte en un problema de salud pública. De gente que se tiene que levantar a las siete de la mañana y no puede porque no duermen.

J – ¿Y más allá de la convivencia?

A – Quita muchos apartamentos de alquiler para los trabajadores porque no existen ya. O los que hay son carísimos. Ya hemos visto cómo en Ibiza policías o médicos no pueden aceptar ofertas porque no encuentran vivienda.

J – Se empeora las condiciones de la clase trabajadora…

A – La vivienda es fundamental para la calidad de vida de cualquier persona. Y si la vivienda que consigues es compartir piso con gente que no conoces o pagarla con el 80% de tu sueldo… Tiene un impacto real. Afecta a la clase trabajadora con menos capital, pero también a una clase media con buenos salarios y buenas condiciones de trabajo que tampoco puede acceder a la vivienda en destinos turísticos. El 60% de la población en Barcelona gana 1200 euros o menos, y en el centro de Barcelona, por 1200 euros apenas hay nada.

Si hay algo más barato es de 30 metros cuadrados, no pidas más. Se olvida también que la vivienda disponible también es para extranjeros. El turismo no solo trae turismo temporal de fin de semana, también estudiantes internacionales que vienen por meses, europeos que tienen su segunda vivienda en España…Y también se olvida que como en zonas turísticas el precio de la vivienda sube, eso atrae a especuladores que compran vivienda como inversión. La compra, la deja vacía y la vende. El precio de la vivienda en Barcelona está subiendo al año un 15-18% y no hay actividad productiva que dé tanto margen.

J – Se busca un beneficio rápido y fácil a costa del turismo.

A – Sí. El hecho de que exista tanto turismo de borrachera y de fiesta en España es porque resulta un destino muy barato. Y eso es, en parte, por lo bajos salarios del sector y porque el turismo está subvencionado. El Gobierno subvenciona a compañías como Ryanair o Easyjet para que aterricen en El Prat y otros aeropuertos. En ese sentido, el turismo es un traspaso de fondos públicos a manos privadas, que se llevan el beneficio. Y la solución pasa por subir salarios a los trabajadores y subir impuestos a quienes más beneficios tienen.

J – ¿El impacto de estas empresas va más allá de perjudicar a la vivienda, sino a todo un barrio?

A – El turismo afecta a toda propiedad inmobiliaria. Los precios suben y un comerciante familiar no puede pagar alquileres caros, no puede afrontar 20.000 euros por un espacio en el centro de Barcelona. ¿Quiénes pueden competir por ese espacio? Grandes compañías y multinacionales. Se sustituye el comercio de economías familiares y destruye espacios de encuentro. El comercio tradicional es fundamental para la vida en comunidad de los barrios, es una sociabilidad que se pierde. Por ejemplo, asociaciones culturales o políticas también se tienen que ir porque no pueden pagar esos alquileres. Todos esos servicios desaparecen. ¿Y qué vienen? Tiendas de ropa, heladerías, tiendas de bicicletas… Servicios que no usa ni necesita a diario. Y encima no se puede encontrar con sus vecinos. En El Gòtic muchos decían que no tenían lugar para comprar. Se ha cambiado tanto por negocios enfocados al turismo que era difícil comprar el pan del día, fruta y verdura, pescado o carne.

J – ¿Se puede hacer vida en esas condiciones?

A – Es muy complicado. Porque además el mercado más cercano era el de La Boquería y tampoco pueden ir ya porque está enfocado como destino turístico y es más caro, está tan lleno de gente que no se puede pasar y te cierran fruterías para crear bares de tapas. Esta falta de comercio y lugares de encuentro es importante porque el espacio público no solo se ha privatizado, sino porque hay tantos turistas en algunas zonas que es imposible caminar. Y si tú necesitas llevar corriendo a tu hijo a clase, y no puedes pasar… no puedes vivir.

Si eres una persona mayor y necesitas andar con cuidado para que nadie te empuje, tampoco puedes. Entonces mucha gente mayor se refugia en sus casas sin salir, al menos que tengan ayuda, porque no tienen dónde ir y porque les resulta peligroso. Y no solo de día. De noche, Barcelona es un lugar de fiestas, de despedidas de soltero sin control, y el ruido puede ser infernal para descansar. Todo junto hace que vivir en ese ambiente sea muy difícil y traumático.

J – La industria hotelera también contribuye al proceso.

A – Los hoteles, en algunos barrios como el centro de Barcelona, tienen mucho impacto porque no se puede construir como obra nueva. Por lo tanto, cuando abren un hotel, suele ser en un edificio de viviendas anterior que se compra, rehabilita y se cambia de uso. En algunos barrios, como en El Gòtic, se produjo este cambio de forma intensa. ¿Y quiénes son los inversores hoteleros? Los grandes fondos de inversión, grandes compañías que compran todo el edificio y les da igual los inquilinos que estén dentro, tienen poder para echarlos.

J – ¿Y, en esa situaciones, que armas tiene el ciudadano?

A – Ninguna. Es la administración quien no da respuestas. Aparte de protestar, el ciudadano no puede hacer nada.

J – La administración mira hacia otro lado.

A – La administración en Barcelona lo está intentando paliar pero son medidas a largo plazo y no tienen el apoyo del Gobierno central, porque una medida muy importante es cambiar la ley de Arrendamientos Urbanos y eso depende de ellos.

J – ¿Nadie se responsabiliza?

A – Esta semana se ha visto muy claro cómo el Estado niega la realidad. Ya vimos a Rajoy decir que quien esté en contra del turismo es muy corto de miras porque da trabajo y riqueza. Pero, en realidad, el turismo da beneficios a las élites económicas y genera un trabajo muy precario, de poca retribución y mucha estacionalidad, y en los barrios tiene un impacto cotidiano muy fuerte.

J – Ahora la prensa lleva a sus portadas y titulares las protestas contra el turismo.

A – No es algo ni mucho menos de cuatro radicales de la CUP como se hace trasladar. Está pasando en muchas ciudades europeas y norteamericanas. En Ciutat Vella grupos de vecinos llevan ya unos quince años, avisando sobre el impacto del turismo. El problema es que no están escuchando a los ciudadanos, que están diciendo que no pueden vivir así y exigen que se haga algo. Pero no reciben respuesta. Al revés, se está negando la realidad.

J – ¿Estas manifestaciones de Arran son la punta del iceberg?

A – Para mí sirve como una estrategia del Gobierno y de los medios de comunicación para deslegitimar a la gente que ha estado protestando este tiempo, y hacerle pasar por radicales. Y eso no es así. Hay muchas familias, abuelos, gente trabajadora harta del tema y que se organiza y protesta. Eso no son actos vandálicos, son una reivindicación política de los ciudadanos que viven en estos barrios.

J – ¿Definir esto como ‘turismofobia’ es un error?

A – Eso también forma parte de una estrategia, porque los vecinos protestan solo porque están en contra de un crecimiento del turismo sin control. Está en contra de cómo se distribuye esa riqueza y quiénes son los perjudicados. Ninguno de estos grupos está en contra del turista como individuo. Todos tienen claro que es algo estructural y un problema a ser regulado. Pero el problema es que si protestas contra el turismo y la administración no solo te ignora, sino que te dice que eres un descerebrado, lo único que genera es alentar más protestas y más la idea de ir contra el turismo.

J – Después del sector inmobiliario, ¿el turismo es otra burbuja nueva?

A – En parte sí, pero es muy difícil determinarlo. Pero sí es cierto que se esté dando en el sentido de que el turismo se ha visto como la gran solución de la crisis, con mucha liberalización y crecimiento sin control. Un hotel debe tener un 70-80% de ocupación o no le da beneficios. Si tú construyes y la oferta hotelera sigue creciendo, significa que el Estado deberá hacer más esfuerzos para atraer a más turistas, porque la ocupación debe ser del 70-80%. Y si no vienen más turistas el sector entra en crisis. Y entonces pasaría igual que con los empleos de la construcción, que provocó un pico de paro, pero ahora con el sector del turismo. Otra vez nos la daremos de frente.

J – ¿Este proceso esconde una lucha de clases?

A – Desde el punto de vista de que las élites salen beneficiadas y el trabajador ve reducida su capacidad de vida, sí lo podemos ver así. Antes la lucha de clases se concentraba en el mundo de las fábricas y el trabajador. Hoy día, la ciudad es muy importante comprenderla como un fondo de captación de capital. La ciudad es un recurso, como la especulación inmobiliaria para las grandes empresas. Y eso impide que un trabajador no pueda acceder a una vivienda y deba asumir trabajos que precarizan su forma de vida.

J – ¿Sin la gentrificación previa de muchos barrios no se hubiese producido este impacto turístico?

A – Por un lado, el turismo gentrifica barrios porque expulsa a la población que había. Y, por otro lado, el turismo va a barrios que habían sido gentrificados, como Gràcia o Poblenou porque le da calidad en el ambiente, la gente del barrio es de clase media, le da seguridad, tiene servicio, comercios, terrazas… Un turista no va a un barrio estigmatizado. Gentrifica al barrio que ya había sido gentrificado. Y los que llegaron allí, en un primer momento, como parte de la gentrificación del barrio, son ahora los que también se ven expulsados.

J – ¿Se analiza el impacto medioambiental que ocasiona este proceso?

Hace falta más estudios sobre el impacto pero es de sentido común. Por ejemplo, se sabe que la industria que más contamina es la aviación. O el consumo de agua del turismo, a través de campos de golf o hoteles. El tema de que se ha construido en toda la costa española, lo que ha implicado eliminar una reserva natural que existía allí y que ahora es hormigón. Eso será nefasto para la desertización que va a sufrir España. Otro detalle es que un crucero contamina como 12.000 coches. Solo uno. Y en un fin de semana en el puerto de Barcelona suele haber tres.

J – ¿Hemos llegado tarde para corregir esta situación?

A – En algunas zonas aún se está a tiempo de controlar, no tanto en Barcelona o Ibiza donde se ha permitido cualquier cosa. En Barcelona es muy difícil. Los barrios no pueden absorber más turismo. En algunas zonas debe hacerse un decrecimiento y crear otros servicios que generen otros empleos. Y, en otras, planificar de forma más responsable.

J – Pero, ¿cómo se puede planificar? Hemos visto que cada intento de regulación, como la gestión de Ada Colau con la gestión hotelera, produce críticas muy duras.

A – Claro, porque en España desde la época de Franco el gran negocio es el turismo y las élites económicas saltan a la mínima, porque no quieren perder poder. Si me dices que quieres controlarlo y yo tengo el poder económico, te digo que no. Entonces le queda el papel a la ciudadanía, e insistir en que esto no puede ser así y que afecta a nuestra vida.

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About PDuarte

Historiador, jardineiro, horticultor. Vive na província. No tempo vago, que procura multiplicar de dia para dia, perde-se em viagens, algumas pelos montes em redor, outras pelos livros que sempre o acompanham. Prefere o vinho à blogosfera, a blogosfera ao Parlamento.

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